Moda Sostenible

También llamada moda ética o moda sustentable, ha revolucionado la industria textil y la de moda, y está a la expectativa de un cambio masivo y mundial con respecto al medio ambiente
El siglo XXI ha sido una combinación entre la masificación del consumismo capitalista y la toma de conciencia medio ambiental y socio económica. La moda sostenible es para de lo segundo nombrado. Pero, ¿qué es? 




Anterior a la moda sostenible, se inició la promoción de una nueva corriente en la moda: la Slow fashion, opositora del Fast Fashion (un tipo de “moda desechable”; hace referencia a las constantes renovaciones de colecciones de ropa. Relacionado también con la contaminación y explotación laboral).
Este nuevo término fue acuñado en 2007 por Kate Fletcher, profesora en “Centre for Sustainable Fashion”, Londres. Promueve el consumo responsable, basándose en la sostenibilidad, el impacto social y medioambiental de la industria textil.
Marcas sostenibles.- Fashion Network
¿Cuándo empezó a tomar mucho más peso la importancia por el sistema de la industria textil? En el 2013 tras el derrumbe de Rana Plaza, edificio ocupado mayormente por fábricas textiles de 8 pisos en pésimas condiciones, en Bangladesh; se empezó a cuestionar de manera más profunda, las problemáticas dentro de la industria textil con respecto a los procesos de producción. Esta sigue siendo una realidad cercana y dolorosa: en 2016 hubo nuevamente un accidente en una fábrica textil en Bangladesh: un incendio que dejó más de veinte muertos.
Lo que ocurre con Bangladesh es que tiene el título de uno de los mayores exportadores textiles a nivel mundial. Incluso, a esta actividad económica le pertenece la quinta parte del PBI nacional. Lamentablemente, todas las ganancias y producciones han sido parte de una abrumadora “esclavitud moderna”.
Por suerte, la moda sostenible sigue en pie de lucha, intentando modificar los impulsos consumistas que la sociedad mantiene en sus compras.



Su objetivo principal es abogar por los aspectos sociales, económicos y ambientales, relacionados con la industria textil. Y buscan lograrlo a través de estrategias como la anulación absoluta del consumo de marcas en las que no se vele por los derechos laborales del personal inmerso en los procesos de producción, la promoción de la utilización de recursos orgánicos en la elaboración de los productos textiles y el consumo de marcas e indumentaria que usen estos recursos, desestigmatización del reciclaje y la concienciación e importancia de esta medida como por ejemplo utilizar prendas de segunda mano.

Foto: Cero Plástico
En los últimos años, Perú ha tenido muy buena respuesta a esta última estrategia. Por las redes sociales se encuentran innumerables cuentas de closets sale, en los cuales se promueve la reutilización de prendas ajenas y evitar la compra masiva e innecesaria. Además, muchísimos diseñadores modernos y jóvenes promueven la utilización de técnicas como el upcycling, el cual se basa en usar telas de otras prendas para rearmar una nueva, se usa también objetos decorativos o residuos capaces de ser reutilizados. Estos mismos diseñadores y expertos en moda promueven también comprar en lugares de segunda mano, como por ejemplo Tacora, en donde se encuentra muchísima ropa vintage. La tendencia por el uso de ropa vintage le ha dado mayor revolución a la moda sostenible, pues ha ido disolviendo los mitos con respecto al uso de prendas de costos más bajos que otras y la importancia de la sociedad por el uso de prendas de marcas renombradas, caras y del Fast fashion.

Esta reacción ambiental con respecto a la industria de la moda siempre ha sido necesaria, debido a que el nivel de contaminación de esta repercute abismalmente en el equilibrio del medio ambiente. La huella de carbono es un indicador ambiental que mide la emisión de GEI (Gases de Efecto Invernadero, involucrados con el calentamiento global) en productos y actividades humanas. Precisamente en el sector textil, lo que hace este indicador es medir esa emisión durante el ciclo de vida de las prendas; este ciclo incluye la producción y el deshecho de estas cuando se desgastan o pierden utilidad. Justamente esta huella es extremadamente alta y esos resultados son preocupantes.
Es elevada debido a que las producciones textiles emiten cantidades altas de CO2, uno de los GEI. Estas emisiones están detrás de las materias primas utilizadas, por ejemplo, hay un tipo de algodón que es mucho más contaminante en su proceso de extracción que el algodón orgánico al 100%; también están en las fuentes de energía, como en la producción de poliamida y en el transporte comercial, el cual no es solo intercontinental sino también local.


Foto: Aquae Fundación
Una medida más institucional es el Protocolo de Kioto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En 1997, la mayoría de países industrializados se comprometieron a seguir las medidas de este protocolo. Su objetivo fue y es, ya que es vigente hasta este año, lograr reducir los gases de efecto invernadero. Lo negativo de este es que no fue firmado por los mayores exportadores en la industria textil como Estados Unidos y China. Reducir las emisiones de GEI significa afectar notoriamente la actividad industrial en las fábricas textiles, y estas medidas afectarían las economías de países que mantienen a la industria textil como una de las que más le contribuyen monetariamente; es por ello que no es tan sorpresivo el hecho de que ambos países se hayan negado a ratificar.





La sostenibilidad puede ser aplicada a todos los ámbitos de nuestras rutinas diarias. Empezar por las más superficiales ayudará a que progresivamente podamos percibir los notorios cambios en nuestro alrededor y en el medio ambiente; esto incrementará el nivel de conciencia de toda la sociedad.
Deconstruirse es un proceso largo y agotador. Se nos ha enseñado que el consumismo es parte de nuestro día a día y entender el impacto de las diversas industrias en nuestro entorno no será tan fácil. Pero depende de cada una de las personas que ya lo entendieron, promover conciencia y cambio.
Se espera que no sea demasiado tarde para reaccionar a los cambios irreversibles en la naturaleza a causa del ser humano.

Unas telas reusadas, disminuir la demanda en marcas no cruelity free, una compra local, el uso de productos orgánicos en nuestros negocios. Las pequeñas acciones son acumulables; las consecuencias, destructivas.

Foto: Vístete verde



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